Un reloj marca estruendosas
y desafinadas campanadas, la
oscuridad inunda el lugar y
haciendo un esfuerzo, vez una luz
roja a la distancia.
Caminas entre los árboles
invernales de una oscura noche,
derecho hacia la luz.
La gente pasa en dirección
contraria pero no son más que
un conjunto de matices grises,
que no habla, ni mira.
Cada vez mas cerca del destello
rojo y te das cuenta que no es
mas que una luz a través de
una puerta.
¿Que podrá existir en un lugar como
aquel?
Parada en el umbral de aquella
única puerta alcanzas a escuchar
una melodía suave, melancólica
y desenfrenada.
Y tus latidos aumentan su velocidad
ordinaria, descontroladote.
Un sonido estrepitoso te hace
estremecer, mas cerca, mas cerca y
no se detiene.
Casi por instinto abres la puerta
para encontrarte con una
habitación sombría que arroja
destellos carmesí a las
destartaladas paredes.
Un manojo de sombras danzan
erráticamente y un escalofrío de
muerte te deja sin
respiración.
Un paso, dos y te percatas de los
peculiares objetos olvidados en
aquel lugar.
Un sin fin de cosas rotas le dan un
toque escalofriante a la
habitación y la extraña tonada
no se detiene.
Aquella luz infernal ilumina
también manos y piernas como
trozos de muñecas rotas que
sobresalen entre las sombras y el
desorden.
Quieres cerrar los ojos, moverte si
quiera, pero no puedes, tu
cuerpo no responde, ni gritar,
ni correr, estas paralizada del
miedo.
Nuevamente un escalofrío y tiemblas
sin control cuando ubicas un
par de ojos demoniacos, alguien te
mira…
Despiertas con un grito ahogado,
empapada en sudor frío y con
el corazón desbocado. Menos
mal que solo era un mal sueño,
vivido y aterrador pero no mas
que eso.
Miras alrededor y cuando tus ojos
se adaptan a penetrante
oscuridad notas que algo
extraño sucede, pareciera que a
donde voltearas solo hubiera
escombros.
Sobresaltada recorres todas las
habitaciones sin encontrar un
alma conocida. Paredes caídas
y trozos de techo lo abarcan todo
y la las cosas materiales que
alguna vez te fueron importantes
se hayan destrozadas en el
suelo formando un caótico
desastre.
El silencio es lo más angustiante,
las lágrimas comienzan a
brotar.
Por favor no, por favor no!-
suplicas al tiempo que sales a la
calle.
Ahí todo luce exactamente igual, no
más que desoladoras ruinas te
rodean.
—¡Alguien ayúdeme! —Gritas
desgarradoramente entre sollozos.
Todas las casas parecen tener
el mismo color y ya nada importa
realmente.
Caminas, corres sin un destino
fijo, tan solo esta ese
sentimiento impotente de
querer escapar.
Y es por eso que cuando tropiezas
casi no sientes el dolor de tus
rodillas sangrando pues al
último dejo de esperanza se le
antojo abandonarte…
***
—Después de eso desperté mas
aterrada que nunca en mi vida, de
regreso a la realidad, o quien
sabe... Tal vez un día me despierte de
nuevo.
